Cargando... (0%)

6 cosas que deberíamos imitar de Finlandia para mejorar nuestro sistema educativo

24 julio 2015

Cuando pensamos en modelos educativos de éxito rápidamente nos vienen a la cabeza los países nórdicos. Finlandia, en concreto, se sitúa desde hace años en los primeros puestos en los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA). De hecho, es el único país europeo que se codea con los países asiáticos con mejores resultados como Singapur o Corea. En España, donde los resultados de las pruebas PISA se sitúan 23 puntos por debajo de la media de los países desarrollados, se hace imprescindible una reflexión profunda sobre las causas de este bajo rendimiento de nuestros estudiantes en las evaluaciones.

¿Pero qué es lo que hacen para conseguir tan buenos resultados? ¿En qué se diferencia en modelo finlandés del español? Sorprendentemente, la respuesta no está en lo económico. En el pasado año el estado nórdico gastó de media 9162 dólares por alumno frente a los 9068 que gasta España. Entonces si lo económico no es la clave, como podría parecer a simple vista, ¿en qué deberíamos imitar a los  finlandeses para mejorar nuestro sistema educativo?

1. Autonomía de los centros: a diferencia de España, en Finlandia cada centro educativo cuenta con una gran libertad a la hora de gestionarse. El nivel de intervención del estado sobre los planes curriculares es bajísimo y es cada municipio y, después, cada centro el que toma las mejores decisiones en función de las necesidades de sus alumnos. Es decir, son los propios profesores quienes controlan los planes de estudio. Aquí, a menudo, la voluntad uniformadora confunde la homogeneidad con los buenos resultados.

2. Premiar a los buenos maestros funciona: aunque parezca increíble el sueldo base un profesor finlandés es menor al de un español (34.546,4 euros frente a los 37.695 euros que cobra un docente del sistema público español), la diferencia estriba en los complementos salariales con que premian a los buenos docentes por el desempeño de su trabajo. Los profesionales más innovadores, que continúan formándose, que elaboran materiales, que se implican en proyectos cobran más.

3. Estabilidad legislativa: esta es una de las grandes reivindicaciones de los que se dedican a la educación en nuestro país. Desde hace décadas las leyes educativas se suceden rápidamente, sin tiempo para demostrar su validez son sustituidas en función de la alternancia política entre los partidos mayoritarios del país. Irremediablemente, un cambio de Gobierno implica un cambio de ley educativa. En Finlandia, en cambio, existe una ley de educación estable que permite consolidar un modelo de éxito.

4. Retraso de la escolarización obligatoria: en el país nórdico los alumnos no tienen la obligación de entrar en el sistema educativo hasta los 7 años, un año más tarde que en España. Es a esa edad cuando se considera que el niño tiene la maduración cognitiva suficiente para asimilar contenidos más complejos. Ese año de diferencia, que en apariencia podría parecer poco significativo, refleja otra realidad: las diferencias entre las legislaciones relativas a la conciliación familiar entre ambos países. En Finlandia es habitual que los niños estén al cuidado de sus padres (sea del padre o de la madre) durante sus primeros años de vida.

5. Tener un enfoque graduado del aprendizaje: los alumnos finlandeses empiezan con las asignaturas más sencillas y, a medida que van creciendo, incorporan materias de más complejidad. Si empezamos la escolarización trabajando la propia lengua nativa y la educación física y luego se le van sumando las ciencias, las matemáticas o las lenguas extranjeras la dificultad del aprendizaje propuesto va de la mano de la maduración cognitiva del alumno sin saltos bruscos.

6. Las notas no son importantes (o al menos no desde el principio): las calificaciones numéricas no llegan hasta los diez años, antes, la evaluación personalizada de cada alumno la lleva a cabo el maestro que ha sido su referencia durante todo el curso y que enfoca su trabajo hacia la personalización del aprendizaje de manera que ningún alumno quede excluido. Con ello la presión por los resultados que experimentan los alumnos se reduce considerablemente.

Puede sonar utópico pero estamos convencidos que con políticas valientes sería posible dar un vuelco a la situación en la que se encuentra el sistema educativo español, profesionales implicados e hipermotivados tenemos de sobras. ¿Tú qué opinas?