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¿Qué es la neurociencia y cómo va a cambiar el futuro de la educación?

15 septiembre 2015

La neuroeducación, disciplina en la que confluyen la neurociencia, la psicología y la educación, está llamada a marcar el camino de la innovación pedagógica en los próximos años. Y es que los avances en el campo de la neurociencia y la comprensión de los procesos cognitivos humanos nos están proporcionando información muy valiosa para la mejora educativa. Pero, ¿de qué manera afectan las emociones al proceso de aprendizaje? ¿Existen edades críticas para aprender? ¿Cómo influyen las nuevas experiencias de aprendizaje en nuestra manera de aprender? Estas y otras muchas cuestiones, para las que hasta ahora no teníamos respuesta o solo podíamos esbozar teorías, van esclareciéndose gracias a los avances de la neurociencia aplicada a la educación.

Estas son algunas de las claves de lo que nos está revelando la neuroeducación sobre la manera en que aprendemos:

1. Generar climas emocionales positivos en el aula facilita en aprendizaje.

Las emociones influyen (y mucho). Estudios científicos recientes han demostrado que las emociones no solo son imprescindibles en los procesos de razonamiento y toma de decisiones sino que, cuando son positivas, favorecen el aprendizaje y activan los mecanismos de la memoria. La emoción es totalmente indisociable del proceso cognitivo ya que toda la información que percibimos mediante los sentidos antes de ser procesada por la corteza cerebral pasa primero por el sistema límbico o cerebro emocional. Solo después de ese proceso la información puede alcanzar cierto grado de abstracción y empiezan a generarse nuevas ideas.

2. Promover la actividad física entre los alumnos revierte en su capacidad de aprendizaje.

Cuerpo y cerebro aprenden juntos. Practicar ejercicio de forma regular favorece la plasticidad del cerebro, mejora el estado de ánimo y disminuye el estrés. El aprendizaje, por mucho que nos sorprenda, también pasa por el cuerpo.

3. Atender a la diversidad y personalizar al máximo la enseñanza en función de la «arquitectura» cerebral de cada alumno.

Nuestro cerebro es plástico (y no para de cambiar a lo largo de toda nuestra vida). Tiene la asombrosa capacidad de modificar su estructura a partir de las experiencias que vivimos. Durante nuestra infancia su plasticidad es mucho mayor por lo que los primeros años de nuestra vida forman el periodo crítico del aprendizaje.

4. El teatro, la plástica y la música son tan importantes como las mates y la lengua.

El arte nos ayuda a aprender. La posibilidad de utilizar recursos de alta tecnología como las imágenes cerebrales nos permiten ver las distintas áreas del cerebro que participan en una determinada actividad. Las actividades artísticas, que ponen en marcha distintas áreas del cerebro de manera simultánea, son especialmente significativas para la mejora de los procesos cognitivos.

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